Alfredo Soler Asunción: la historia de un emprendedor

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Alfredo Soler Asunción, junto a una foto del histórico camión familiar en la que aparece él junto a su padre Jaime Soler

A los quince años compartía la cabina del camión con su padre, al que relevaba por las noches de camino a Bilbao para que pudiera descansar un rato. Un año antes había empezado a trabajar en un taller mecánico, animado por su progenitor, que quería asegurarse de que Alfredo Soler Asunción sabría defenderse en la carretera. Y lo hizo: se convirtió en profesional al volante y dio una vuelta de tuerca a su trayectoria, fundando e impulsando el mayor depot de contenedores de España, Trans-Base Soler.
La de Alfredo Soler Asunción es una historia de tesón, esfuerzo, baches, traslado y éxito. Pero sobre todo es una historia de familia. Empezó con la ayuda de su padre Jaime y ahora sigue de la mano de su hijo, Alfredo Soler Martínez, del que asegura que es gran parte del mérito de una empresa que se ha convertido en referente. “Toda la vida he sido transportista. Mi padre era autónomo y tenía un camión. Cuando dejé la escuela, a los catorce años, pensó que podría acompañarle en los viajes y así no era necesario contratar un chófer -explica -. 

Me enseñó a conducir muy bien y cuando él se jubiló me quedé el camión y saqué el título de agencia de transportes”. Unos años después le reclamaron de la Cooperativa San Cristóbal del Grao, que entonces tenía 22 socios, para que se hiciera cargo como gerente administrativo. “Me ofrecieron un sueldo pero yo les propuse trabajar a comisión, quedándome con un porcentaje de los clientes que yo aportara y acertamos”, recuerda. Al cabo de un año fue necesario abrir la suscripción porque Soler Asunción había aportado tal volumen de negocio que los camiones de la cooperativa eran insuficientes. Entraron entonces nuevos socios y camiones y por primera vez tuvo que contratar a alguien en nómina, una secretaria (Mari Luz), con la que pudo llevar adelante el proyecto.

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El depósito de Nazaret en los años 80

La empresa
“Al darme de alta en el régimen general y contar con una empleada tuve que crear una empresa y un joven abogado, recién licenciado, Josep Manuel Sanchis, me ayudó a constituir TransBase Soler.
Estuvimos un par de años en la cooperativa, en los que hubo que abrir de nuevo las suscripciones, hasta que tuvimos más de cincuenta socios y casi 70 camiones”. Era tal el volumen de vehículos que ya no había espacio en el solar que utilizaba la cooperativa, así que había que buscar un terreno y Alfredo Soler se puso manos a la obra. Encontró el sitio perfecto en Nazaret e hizo ver a los labradores que alquilando los campos obtenían más beneficios que trabajándolos. 

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El depósito de Nazaret en los años 80

No era fácil encontrar 20.000 metros cuadrados en el lugar adecuado y aquel lo era pero algunos de los socios no podían asumir la inversión y el empresario tuvo que echar marcha atrás. Empezó entonces una nueva historia, el germen de la empresa que hoy es TransBase Soler porque le ofrecieron la posibilidad de arrendar los terrenos sin coste durante un año si los terraplenaba. Lo hizo con la ayuda de su padre y aprovechando los escombros de unas obras en la esquina de la calle Játiva con Colón en la que trabajaban sus camiones basculantes. Aprovechó la oportunidad e inició su relación con la madera. “Yo sabía del problema que había en el puerto de Valencia. 

No había espacio suficiente para almacenar los troncos que llegaban y conseguí un acuerdo con el maderero para trasladar parte de esa carga a mi campa. Entonces surgía otro problema añadido, cómo lograr que entraran los troncos sin despacho de aduanas y Gabriel Ravello encontró la solución. Lo tramitó y un día apareció en mi despacho y me dijo: aquí tienes la autorización para que, por el artículo 79, puedas llevar los troncos directos del barco a tu campa. Te has convertido en un depósito, un recinto aduanero”. Así empezó en Valencia el primer depot de madera. Y del tronco al contenedor apenas hubo un salto. Fue el entonces director del puerto de Valencia, José Luis Vilar, el que propuso a Alfredo Soler que almacenara en su terreno cinco cajones grandes de hierro que habían llegado en un barco y que nadie retiraba del puerto, en el que no sobraba espacio. 

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El cachorro de león que reinaba en el depot de Nazaret

Las cinco cajas, cinco contenedores, eran de CTI, la mayor empresa de alquiler de contenedores del mundo, que a partir de esa fecha empezó a confiar en TransBase Soler, que ya era el primer depósito de contenedores de Valencia y el segundo en España, puesto que en Barcelona había uno en la misma situación. El tráfico de contenedores crecía en Valencia y el empresario hubo de decidir si optaba por esta mercancía o por los troncos: “Vi que el tronco iba a menos y el contenedor a más, así que opté por el segundo. Por aquel entonces mi hijo estudiaba ingeniería informática y era consciente de que yo no daba abasto. Reconozco que fue un cambio; no teníamos los mismos criterios”. La incorporación de Alfredo Soler Martínez a la empresa representó un giro de 180 grados. Llegó con ideas más frescas y convencer al padre de la necesidad de informatizar la gestión para lograr mayor agilidad y el consiguiente ahorro de costes no fue fácil.

Primer traslado
Coincidió por aquella época que el Ayuntamiento de Valencia comunicó a TransBase Soler que debía abandonar ese terreno, puesto que se iba a utilizar para la Zona de Actividades Logística. Dos meses era el plazo para trasladarse y desalojar la campa de Nazaret y Alfredo Soler asegura que movieron cielo y tierra pero que no era fácil encontrar un terreno de 20.000 metros cuadrados con buen acceso para los camiones. “Decidí cerrar la empresa. Dejé a mi hijo al frente para que lo ultimara todo y yo me dediqué en pleno a la bodega y el restaurante. No me di cuenta de que a quien dejaba allí para sacar los contenedores y liquidar la empresa; no supe valorar a mi hijo. A punto de vender las máquinas me llamó un día con la solución; un acuerdo con SDS, que contaba con 80.000 metros cuadrados medio vacíos en Castellar”. El acuerdo fue un éxito y en poco tiempo TransBase Soler estaba comprando nuevas máquinas, recuperando a todo el personal que tenía empleado. “Yo ya iba casi de visita porque me había hecho cargo del restaurante y del castillo”, asegura Soler Asunción. Sin embargo, pocos años después la historia se repite y el Ayuntamiento vuelve a instar a Trans-Base a dejar los terrenos y de nuevo Soler Martínez encontró una salida, en este caso un acuerdo con Adif para trasladar los contenedores a Silla. 

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Alfredo Soler Asunción con el camión familiar restaurado

“Ese traslado fue un bache muy grande, un gasto enorme. Alfredo no paraba de moverse y acumuló una cantidad tal de contenedores que no podíamos atender la demanda de los clientes. Fue entonces cuando gestionó con la Autoridad Portuaria de Valencia el traslado a la concesión administrativa del puerto en el que ahora estamos”. "Es un depósito dirigido por él y ejecutado por él y sus colaboradores, que lo hacen muy bien y que han conseguido convertir la empresa en el mejor depot de España. Mi fase llegó hasta la salida de Nazaret. A partir de ahí es mi hijo el que tiene todos los méritos”, prosigue Soler. Conserva su primer camión, el de su padre, que ya ha cumplido los 70 años y lo ha restaurado para poder disfrutarlo. Mientras tanto, la compañía sigue creciendo y ya dispone de varios vehículos. La historia de estos dos profesionales sigue, por tanto, paralela, y Soler Asunción conserva la presidencia de TransBase Soler a sus 79 años.

DE CÓMO NACIÓ ARCE
Había ya en Valencia cuatro o cinco depósitos y empezaron a surgir problemas con la Administración, con el Ayuntamiento, que no terminaba de ver clara la ubicación de las campas. De nuevo entró en juego la colaboración de la Autoridad Portuaria de Valencia. Rafael Aznar, entonces director comercial del puerto, acompañó a Alfredo Soler al Consistorio para una reunión con el concejal y les aseguró que los depots eran “un tentáculo más del puerto; el puerto y los clientes los necesitan”. Empezaron a tener el lugar que se merecía y pensamos entonces que sería bueno constituir una asociación de depots y entre el gerente de un depósito de Bilbao, Rafal Sarriá, José Manuel Sanchis y el propio Alfredo Soler crearon ARCE, la Asociación Española de Depósitos Reparadores de Contenedores. Sarriá ocupó la primera presidencia y Soler la vicepresidencia. Cuatro años después fue el presidente de la asociación.

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